miércoles, 13 de octubre de 2010

BANDAS DE CULTO III.- PIXIES: HERMANITA VEN CONMIGO, A DÓNDE NO HAY SUFRIMIENTO



Por Neto Ramone

A finales de los años ochenta, sin internet (casi casi a la luz de las velas), los discos de Pixies se te escondían en la ciudad (¿por la magia los traviesos aluxes yucatecos?). A los Pixies llegabas por recomendación auditiva o por accidente-casualidad, ninguna corporación los promovía. Eran difíciles de localizar: como el bello canto de una alondra refugiada en lo más profundo del bosque.

Antes del monopolio de las tiendas Mixup (para variar, propiedad de Carlos Slim), había unos Discos Zorba, que editaron una Agenda 1990, llegada a mis manos en diciembre de 1989 como un regalo de mi amiga Cuapio: yo tenía 14 años y la agenda fue una verdadera guía espiritual. En ella venía una brevísima reseña de Pixies, que por supuesto despertaron mi curiosidad, satisfecha en un puesto del Tianguis del Chopo con la adquisición de un casset pirata de 90 minutos con dos gemas: los álbums “Come on Pilgrim” y el “Surfer Rosa”.

Lo confieso: al principio oculte mi afición por los Pixies. Era socialmente inadmisible que un metalero disfrutara de esas “melodías”. Si el consumo rockero era colectivo y te homologaba en los conciertos, a los Pixies los coloqué en una intimidad infranqueable: un pollito debajo del ala de su jefecita la gallina.

En la prepa, me la pasaba sentado en los muros bajos de los pasillos del CCH Naucalpan, y en las horas muertas ponía en el viejo walkman de pilas ese casset de los Pixies, y con la anuencia de la Señora Juana (mejor conocida como Doña Pelos, la del 4-bis), sentía como los párpados se volvían gafas y los sentidos se agudizaban, y el calor del sol y los vientos ligeros me acariciaban, y las canciones endulzaban y entrabas instantáneamente en comunión con esa banda de Boston, como si te mecieras en una hamaca bajo la sombra de una palmera en la Playa Inmortalidad. Los Pixies fueron una caja de crayolas que use para colorear la grisura del papel estraza de mi entorno suburbano naucalpense.

sábado, 2 de octubre de 2010

BANDAS DE CULTO II.- BODY COUNT: CUANDO EL RACISMO BLANCO SE TOPO CON EL PODER NEGRO



Por Neto Ramone

Malcom X le objetaba a Martin Luther King su pacifismo: “el reverendo plantea que si te golpean pongas la otra mejilla, nosotros planteamos que si te golpean respondas”. Malcom X pensaba por supuesto en una respuesta política organizada. El Partido de los Panteras Negras, originarios de Oakland, fueron el grupo más consecuente y con mayor perspectiva política después de Malcom X: la más lúcida manifestación de la dignidad afroamericana.

Tres décadas después los negros no pusieron la otra mejilla, respondieron, pero sin organización, sin ideologías, sin líderes ni referencias históricas, guiados única y exclusivamente por la ira y la indignación. No iban a ninguna parte, respondieron con excesos, rapiña, incendios, violencia y homicidios. No era el derrotero, por supuesto, que querían Malcom X o los Panteras Negras: era el efecto y la consecuencia del racismo blanco.

La rabia explotó el 29 de abril de 1992 en el sur de Los Ángeles. Cuando un jurado blanco absolvió a cuatro policías que habían golpeado salvajemente a un ciudadano indefenso negro, la población negra, harta del desempleo, cansados del maltrato de los tenderos coreanos, fastidiados de la impunidad y corrupción del poder blanco, salieron a las calles y golpearon a transeúntes y automovilistas blancos, hicieron huir a la policía, saquearon comercios y los incendiaron. La Guardia Nacional tuvo que enviar tropas, más de cuatro mil efectivos, para controlar la situación después de cuatros días de caos.

Un mes antes de éstos acontecimientos, una banda de heavy metal había previsto la batalla: Body Count. La banda angelina, lidereada por Ice T, compuso un tema paradigmático: “Cop Killer”. El policía: ese representante repulsivo del poder, la corrupción por antonomasia, el personaje público más defenestrado y aborrecido por los ciudadanos de a pie. Culparon a Body Count de incitar la violencia: que errados estaban. Ice T sólo tuvo claridad de miras; la culpa era del sistema: del racismo blanco, de Bush padre que llevó a sus jóvenes a morir en Irak y en su país los relegaba al desempleo, de una sociedad “modelo” enferma del cáncer del racismo.

Lo extraordinario de Body Count era que estaba integrada exclusivamente por negros, cuando el metal era monopolio de blancos. No fueron los primeros ni los únicos, pero si los más representativos: Body Count tiene el gran mérito de haberles arrebatado a los blancos la exclusividad del género. Un ejercicio artístico provocativo y temerario: no usaron el hip hop, que Ice T dominaba magistralmente y era pionero en su creación y desarrollo; lo hicieron con las armas culturales de los blancos, y lo hicieron con maestría y pulcritud.

El metal se autolimito adjudicándose el papel contestatario al cristianismo, ideológicamente encarno una rebeldía fofa, con Satanás convertido en una deidad igual de desacreditada que su adversario Jesucristo. El tema tuvo pocas variantes, y la Maldad dejó de serlo por repetitiva. Body Count vino a rediseñar el mapa: no más diablos oníricos, el infierno lo tenemos aquí y ahora, con policías racistas, un sistema de justicia que se vende al mejor postor y el gobierno de Bush en perpetúa guerra contra el pueblo afroamericano.

Pasada la violencia de abril de 1992 en Los Ángeles, muchas bandas de rock compusieron canciones y armaron discos inspirándose en los hechos. Entre lo mejor, el trabajo de Rage Against the Machine. Sin restarles méritos, todos trabajaron su material después de los eventos, cuando Body Count lo hizo antes. Es decir, se anticipo, siendo el reflejo de las pulsaciones de disidencia que hervían en la sangre afroamericana, y esa sublimación artística de un sentimiento social no cualquiera lo logra.

lunes, 27 de septiembre de 2010

BANDAS DE CULTO I.- NIRVANA DE KURT COBAIN: ES MEJOR QUEMARSE QUE APAGARSE LENTAMENTE


Por Neto Ramone

Con tu partida el rock se volvió agua: incoloro, inodoro e insípido. Te largaste y el rock se volvió ascéptico, precisamente lo que más detestabas.

Creíamos ser el anticristo oyendo trash metal con letras satánicas que de tan horrorosas eran inofensivas e inverosímiles, y de pronto, llegaste. Todavía me acuerdo cuando oímos esa canción que nos dejo bien pendejos:“Rape me, rape me my friend…”. Esa línea nos alteró más que todas las caguamas de cerveza que ingerimos todos esos años. Jóvenes con tendencias depresivas, nos cagamos de la risa cuando te burlaste de esa patraña reumática llamada Axl Rose (un mamón que por fortuna ya casi ni quien se acuerde de él). Nadie se enojo cuando supimos que ya no te gustaba cantar “Smells like teen spirit”: la tele y la radio le estaban arrebatando el alma a la canción y tú la defendiste sabiamente con el silencio.

Antítesis del rock corporativo, fuiste una lija sucia de plomero en la superficie de terciopelo barato de la Estética Unisex MTV. Acabaste con nuestra monotonía y homogeneidad: sólo vestíamos de negro para espantar al panteonero, y contigo nos enteramos que eso no importaba, se valía el color y la holgura como sinónimo de fachudez pues lo trascendente es la actitud, no el uniforme. Ya estoy bien ruco y todavía me descubro usando camisas de felpa de cuadritos: uta!, espero no parecerme a esos dones obsoletos con mostacho y mocasines lustrados y una playera de algodón fajada de los Rolling que dibuja con singular alegría la panzota chelera, pero eso sí, siguen reclamando satisfacción.

Andaba por los dulces dieciséis cuando escuche “Lounge Act”, “Aneurysm”, "Pennyroyal tea", ladrillos recocidos recién salidos del horno que mutarian en Templos de la Sagrada Familia del Rock, para beneplácito de tu apócrifo padrasto Gaudí. Kurt: no querías ser un héroe, aunque lo terminaste siendo, porque esas rolas son la impronta de nuestras vidas.

jueves, 5 de agosto de 2010

UN ADOLESCENTE EN LA PENSIL


Por Ernesto Armendáriz Ramírez

Todos los días a las 6:30 de la mañana, junto a obreros y empleados, cientos de adolescentes, ateridos de frío, cruzábamos del Estado de México al Distrito Federal a través de la falsa garita del Toreo de Cuatro Caminos, hoy en día demolido.

Imaginen cómo estaba de destruida la infraestructura educativa en los municipios conurbados al D.F. a finales de los ochentas, que nuestras madres y padres, en esa búsqueda innata por darle lo mejor a sus vástagos, nos inscribían en la Secundaria Técnica No. 26, ubicada en Lago Ness, en el corazón de la colonia Pensil, barrio bravo y charanguero vecino de Tacuba, con su eterna fama de colonia ruda por las viejas historias delincuenciales de la calle Casa Amarilla.

La violencia no sólo era la elemental que se da en todas las escuelas secundarias, con pleitos a la salida. La violencia iba más allá: ¿Por qué nadie le advirtió a Bernabé que era un riesgo cargar con esa grabadora enorme de doble bocina y doble casetera para que la arreglara el maestro de electrónica? Dos fulanos lo esperaron a la salida y, en plena puerta de la secundaria, Bernabé fue golpeado a puñetazos en el rostro y el pecho para que soltara esa grabadora que, extraordinariamente, siempre aferró con sus manos. ¿Por qué todos los que estábamos a su alrededor no le ayudamos? Porque estábamos muertos de miedo, paralizados ante la exhibición de violencia contra un niño de 13 años. Había que convivir con esta violencia del barrio y caminar en bola era la mejor defensa.

Pero nunca ese temor a que te robaran el pasaje, los tenis o la chamarra fue lo suficientemente grande como para suprimir las carcajadas, ser burlón como estilo de vida, tener talento para poner apodos exitosos que circulaban a la velocidad de la luz, el jugar infatigablemente básquetbol, la magia del enamoramiento y el descubrimiento de la mujer. Pues si hay una etapa alegre, ésa es la adolescencia; aún con todo un contexto socioeconómico en contra, éramos una bola de mozalbetes sanos y felices, enamorados y dicharacheros: cábulas hasta el tuétano.

Orgullosos “cucarachos” por nuestro suéter café, siempre fue explícito nuestro desprecio por las secundarias diurnas colmadas de “nopales”, esos seres tristes y ópacos de suéter verde (supongo que ellos opinaban lo mismo de nosotros). En la Avenida México-Tacuba, muy cerca del Metro Normal, está un pequeño local de uniformes marca “El General”, a donde nuestras abnegadas madres nos llevaron, seguramente después de ahorrar bajo el colchón, para comprarnos nuestra chazarilla y aquel suéter cuyo olor a tela nueva aún retengo en la memoria.

Para las pintas, fue un regalo de la vida tener a dos estaciones de metro el parque más grande de todo el Distrito Federal: Chapultepec. Empaparte en las fuentes era inevitable, pero que te tiraran al lago era una verdadera pesadilla. El agua estancada y verdosa producía un apeste insoportable cuando la ropa se secaba. Y ahí tienen al Calambres, víctima de una caída en las lanchas, oliendo a charco de agua podrida en medio de un camión atestado, con el calor de las dos de la tarde y la risa despiadada de docenas de escolapios adolescentes.

La música salsa impregnaba el ambiente de la Pensil, y mientras se oía “El gran barón” o “La chica del pelo marrón”, la Trabajadora Social de la escuela, fiel a su rol histórico de malvada que le tocó representar en la vida, apodada la Borrega por sus párpados caídos y sus bucles de rubio hechizo, te mandaba reprimir a través de un par de sabuesos agrios y atormentados: los prefectos Agustín y Carlos. Y nuestras lindísimas madres acudían a esas juntas a escuchar lo mal que nos portábamos, lo desobligados que éramos, recriminándonos con la mirada cuando oían esas quejas, diciéndonos sin pronunciar palabra que orita en la casa nos iba ir como en feria.

¿Por qué a uno lo identificaba el apellido? ¿A qué hora el apellido se sobrepuso al nombre que tanto costó decidir al llevarnos en brazos al registro civil de Tacuba, donde el Juez Quintil Martínez firmó casi todas las actas de los nacidos en 1975? La línea entre tu apellido y un sobrenombre era delgada y fácil de romper. Si un trabajo no remunerado tenías, era el de Repartidor de Apodos Gratis a Domicilio. Esa protuberancia o ese rasgo fuera de sincronía en tu rostro te estigmatizaba de por vida. En la secundaria se desarrolla a niveles de refinamiento exquisito ese oficio tan chilango de poner apodos: dardos afilados que a todos pincharon.

Capitalinos crecidos entre multitudes, fue maravilloso jugar al básquetbol-caos, debiendo esquivar a los jugadores de los otros tres o cuatro partidos que se disputaban en la misma cancha al mismo tiempo. De agradecerse fue que no nos endilgarán el fútbol, ese deporte artificialmente arraigado en México por los negocios multimillonarios de la televisión. No nos importaba que Zárate, nuestro maestro de deportes, fumara como chacuaco: él nos enseñó los rudimentos del atletismo y la disciplina del lanzamiento de jabalina, que los guerreros griegos inventaron en su tiempo de ocio cuando asediaban Troya, sin imaginar que esa lanza de roble iba a ser de palo de escoba y gomas de patas de silla a los extremos, no fuera que descontáramos a alguien.

En una tarde lluviosa repartieron las utilidades y mi padre me cito afuera de la fábrica de tornillos donde trabajaba, a las orillas de la vía del tren en San Bartolo Naucalpan, y me llevo a Tepito a comprarme esos Converse de antología, de piel nívea, con los cortes y las costuras perfectas, listos para tocar el cielo de una duela de básquet. Los mire toda la noche ansiando estrenarlos por la mañana con la imaginaria música “Así habló Zaratustra” de Richard Strauss como transfondo. Nunca pude llevarlos a una duela de madera fina, sino al asfalto rasposo del patio de la escuela, lo cual resistieron heroicamente. Y mi madre, con su antigua máquina de pedal Phillips, completó el ajuar con un retazo de tela blanca transformado en playera con el cuello exacto y justo, pues la que te vendían tenía un cuello V que te llegaba hasta el ombligo.

Bellísimas fueron esas tardes soleadas cuando acompañaba a mi Princesa Elizabeth de regreso a casa; que iba en otro grupo pero no había problema porque a mi me encantaban sus ojos y su piel; que vivía en la colonia más recóndita de Naucalpan pero tampoco importaba porque yo regresaba caminando a la mía. Nos íbamos en el camión guajolotero de la ruta Cañada-Mancha que salía del Toreo, esperando en el andén ser los primeros en subirnos para ganar el asiento del rincón, el más apartado de las miradas. Al bajar, si nos sobraba dinero, comprábamos en el mercado de puestos de lámina de La Mancha ese esquimo riquísimo como nunca he probado otro en mi vida, porque además del coco o la vainilla contenía el ingrediente extra del amor, el más puro y noble que es capaz de sentir un adolescente feliz.

martes, 22 de junio de 2010

MONSIVÁIS, EL SUB Y LA HUELGA DE LA UNAM

Por Ernesto Armendáriz Ramírez


La huelga estudiantil de la UNAM en 1999 fue una experiencia hostil. En los pasillos y áulas de la Facultad de Ciencias Políticas, los ánimos estaban a flor de piel y el ala ultra era particularmente belicosa. Claro, siendo adversario de la ultra, uno no se amedrentaba, y decir éramos un corderito pues tampoco, pero nunca pisamos los extremos. Y es que la ultra desplegó todo un catálogo de practicas estalinistas: expulsión de compañeros por el sólo hecho de disentir políticamente, acusaciones de traición y escarmientos públicos. Hubo, por supuesto, violencia física: un Consejero Universitario estudiante de la Escuela de Trabajo Social fue salvajemente agredido, y su foto en la prensa mostró un rostro colmado de lesiones y hematomas. El mayor extremo ocurrió precisamente en Ciencias Políticas: el sector ultra sometió a varios funcionarios en la explanada durante varias horas, les quitaron la ropa y los hicieron ponerse de cuclillas en fila india. Eran los niños del Señor de las Moscas y su isla el campus de la UNAM.

Esta violencia ya la habíamos previsto quienes también luchábamos contra las cuotas. Advertíamos que la ultra tenía información privilegiada, intuíamos que alguien los ayudaba, trabajábamos con la certeza de enfrentar no a los ultras, sino a Ernesto Zedillo manipulando ese bloque estudiantil. Había detalles que nos llamaban la atención: en 1999 los célulares eran caros y escasos, y algunos ultras los utilizaban pródigamente; otro dato: en las marchas, los ultras gustaban llevar banderas del PRD para quemarlas frente a la prensa, algo fuera de contexto. No estábamos tan equivocados: el periodista Jaime Avilés reveló el encuentro de Adolfo Orive, funcionario de la Secretaria de Gobernación y principal estratega contrainsurgente en Chiapas, con Víctor Plata, cabeza visible de los organismos estudiantiles ultras. Gobernación tenía pues las manos metidas en el conflicto, si no con todos, sí con algunos sectores de la ultra.

Quienes nos oponíamos a las cuotas con otros métodos y otro discurso, estábamos en desventaja. Para desprestigiarnos, comenzaron a acuñar un término que siempre me ha resultado deleznable: los moderados. Con la certeza de actuar con toda justicia y razón, por supuesto no dudamos en señalar el estalinismo de izquierda practicado por la ultra y alentado desde Bucareli, a pesar de obtener motes despectivos.

En ese contexto, llegó un comunicado desde las montañas del sureste mexicano, firmado por el Subcomandante Marcos. Para comprender la magnitud y peso real del comunicado, es importante recordar que en ese momento Marcos lo era todo y lo que le sigue: figura emblemática, ídolo, gurú, y si no fuera por Eric Clapton, Dios. A Marcos no se le admiraba, se le oraba y rezaba, tomar el periódico para leerlo era la experiencia religiosa del momento. Con esa enorme autoridad moral su sombra era avasalladora y colmaba todo el espectro de tus ideales. Era el inobjetable, el irrefutable, el dime lo que quieras, yo te creo.

El comunicado de Marcos fue demoledor: que la ultra era un dechado de congruencia, que los moderados éramos los hijos adoptivos de la nefasta Rosario Robles y que en consecuencia valíamos un cacahuate. El texto mermó los ánimos, rompió confianzas, destruyó ideales y reposicionó las fuerzas al interior del movimiento a favor del estalinismo. Era una desazón muy grande, pues siendo blanco de sus ataques éramos al mismo tiempo sus seguidores y de los más comprometidos. Recolectamos kilos de frijol y arroz para las caravanas, pegamos sus pósters en las calles, repartimos miles de volantes, fuimos a apoyarlos a Chiapas en las convenciones y campamentos: difundíamos su causa en cuanto lugar y hora podíamos. ¿Cómo decirle al Subcomandante Marcos que estaba equivocado? ¿Cómo refutarle su verdad? No teníamos más que la impotencia en las manos.

Por eso es importantísimo recordar el valor de la pluma de Carlos Monsiváis, pues fue él quien se encargo de hacer pomada la postura errada del Subcomandante. Fue ese Monsiváis que hoy todos elogian y recuerdan, quien con un artículo de opinión nos arropó y nos restituyó la certeza de que nuestros planteamientos, contrarios al estalinismo, eran pertinentes y válidos, fue él quien exhibió la falta de información del Subcomandante y quien, desde la trinchera misma de la izquierda, esclareció como ningún otro la intransigencia, el autoritarismo, la intolerancia y el dogmatismo de esa legítima huelga estudiantil hegemonizada a fuerza de imposiciones. Monsiváis llegó como el hermano mayor que en el barrio cae del cielo oportunamente para defenderte de los grandulones que te están dando de patadas. Al Subcomandante Marcos lo sigo respetando muchísimo. Creo que han sido más sus aciertos que sus yerros. Pero a la hora de señalar sus desatinos, nadie lo pudo hacer mejor que el propio Monsiváis.


“De la búsqueda belicosa del Nada” se publico el 19 de octubre de 1999 en La Jornada, y desde que salió esa mañana, leí y releí cantidad de veces dicho artículo. Es un garbanzo de a libra que muestra la agudeza deliberativa en materia política del maestro Monsiváis. Cuando Cervantes, a través de Don Quijote, dijo que Demóstenes y Cicerón eran los mayores retóricos del mundo, no imagino que ibamos a trazar el paralelismo al colocar a Monsiváis dentro de los mayores de México. Lo vuelvo a sugerir y recomendar: con su muerte, el mejor homenaje es leer y releer al Master de Monsiváis.

martes, 19 de enero de 2010

YO NUNCA VI TELEVISIÓN: MIS COVERS FAVORITOS CONTINÚAN

Por Neto Ramone

A partir de que las películas animadas gringas descubrieron en la niñez un enorme mercado que genera millones de dólares, el consumo cultural de la infancia latinoamericana ha estado sometido a los dictados hollywoodenses. Los adornos de las recámaras de los niños, sus ropas, sus mochilas escolares y sus juguetes estan completamente saturados de la estética Hollywood, y como dijera el revolucionario Fidel Castro Ruz: los niños de México conocen más a Michey Mouse que a Benito Juárez.

El peor síntoma visual de esta dependencia cultural infantil es, a mi parecer, las bardas de los jardínes de niños de la Ciudad de México, casi todas pintadas con algún personaje de película de Hollywood. Los dibujos suelen ser pésimos: el rotulista se avienta la chamba de dibujante y el resultado es una figura amorfa que discrepa frontalmente con su original. Aunque la educación preescolar es obligatoria, los útimos dos nefastos presidentes panistas han sido incapaces de crear dichos centros educativos en número suficiente, y han dejado que proliferen los "kinder" patito en cuanta casucha inadecuada se le pueda ocurrir a alguien. Así, nuestros pequeños salen al recreo en lo que originalmente era una cochera para un sólo auto, y toman su clase en lo que alguien penso sería la sala o el comedor. Las "Misses", pues así se hacen llamar las acomplejadas educadoras ataviadas con batas de cuadritos, reproducen de la peor forma esta dependencia cultural al someter a nuestros vástagos a ese bombardeo homogéneo de imágenes gringas. En el colmo, todos presumen enseñar inglés como la panacea educativa de tus hijos.

Por fortuna, nuevos aires han llegado para despejar un poco la nata de esmog hollywoodense. Así como estos días de enero no sólo se han caracterizado por los frentes fríos, sino por poderosas corrientes que desplazaron la suciedad del aire en la Ciudad de México, permitiéndonos disfrutar de la hermosisíma vista de los volcanes, ambos enormes y niveos por tan densa y espesa capa de nieve limpísima, así aparece otra poderosa corriente de aire, ésta proveniente de la última punta de nuestro continente: de los hermanos chilenos, creadores de ese loable programa infantil televisivo de títeres llamado "31 Minutos", transmitido en México por Canal 11.

Aunque Plaza Sésamo representó originalmente una buena propuesta para la infancia por mostrar un poco la vida de los barrios neoyorquinos, su versión mexicana se vió mermada en su calidad por la metida de narices de la gente de Televisa, que como siempre, lo hechan todo a perder. Lo que toca Televisa, se pudre, y esos viejos muñecos de Plaza Sésamo se han visto rebasados por una visión lationamericana: 31 Minutos. El mayor mérito de 31 Minutos es, sin lugar a dudas, que sus personajes son contradictorios y defectuosos, tal como son las personas de carne y hueso. Su diseño austero (un manojo de estambre, un calcetín con unos googles) y sus diálogos irreverentes son maravillosos.

Como anexo a "Los Covers que más me gustan", no dejo de celebrar la aparición del disco "Yo nunca vi televisión", donde una serie de grupos de rock mexicanos hacen covers de la música original de 31 Minutos. Aunque alguien ya dijo, acertadamente, que las versiones de Lafourcade y Sariñana son aburridísimas, en general el álbum es muy bueno. Belanova, de Guanatos, le imprime muy buen sello a su versión de "Yo nunca vi televisión", así como el cover del Café Tacubo Tepetokio, que hace de "La Regla Primordial" una rola digna de aprenderse de memoria, para irla cantando a dúo con mi bonita Andrea y mi pequeña Arantxa. Los Bunkers hacen también muy buena su versión de "Mi equilibrio espiritual", esa comiquísima rola con su videoclip igualmente insuperable al presentar a un clon de Lenny Kravitz . Maria Daniela y su Sonido Lasser hacen también un excelente trabajo con "Mi muñeca me hablo", y no dejo de poner y poner la de "Guantecillo", pero en privado, pues no puedo reprimir mi impulso de bailar como un descocado cuando escucho esa vocecilla pegajosa de sintetizador de los años setenta.

Y ya que hablamos de chilenos, por favor, no dejen de ver el videoclip de "Una nube cuelga sobre mí", de los Bunkers, no incluida en el disco de referencia. Tanto los personajes de 31 Minutos como los Bunkers se combinan de manera inmejorable, dandole de paso una cachetadita con guante blanco a esos "rockeros" gringos de los ochentas que se hacían "crepe" en el fleco, vestían lycras de leopardo y se ponían valerinas en la frente ¡mil veces mejor el Charly Montana, ese Alfonso Zayas del rock mexicano!

miércoles, 20 de mayo de 2009

ADIÓS A MI GATO JAZZ

Por Neto Ramone

Nunca planeamos tener un gato. Pero un día fuimos al lejanísimo barrio de Marú, la mayor de todas mis hermanas, allá por Coacalco, y su gata acababa de parir seis o siete pequeños gatitos. Andrea se volvió loca al verlos y se aferró a uno: lo nombramos Jazz, y nos lo trajimos a vivir acá en Xochimilco.

El Jazz era de esos 2 gatos que confirman la regla de “8 de cada 10 gatos prefieren Wiskas”, pues él siempre prefirió la Gatina, para nuestro beneplácito más barata. Fue un gato limpísimo: siempre le echaba tierrita a sus heces y a sus orines.

Se rifo muy buenos tiros con otros gatos del arrabal. Nada más escuchábamos las batallas que se aventaba en la noche en el jardín de la casa, defendiendo su territorio y su plato de croquetas. El Jazz era un gato valiente: se subía a la azotea donde está El Manchas, un Boxer con cara de pocos amigos, y lo enfrentaba con su mirada retadora y ese ruidito que hacen para espantar al enemigo. Al Piki, un viejo pato que también ya falleció, se lo traía asoleado: jugaba a atacarlo y lo ponía todo nervioso. Lo regañe un par de veces: no me gustaba que atrapara y matara lagartijas, esos dinosaurios en miniatura que viven en las contrabardas de las casas.

Entre los truenos, una tira de arbustos decorativos que tenemos en el jardín, se agazapaba y de pronto salía a toda velocidad como para atacarte. Se creía un leoncito en la sabana africana. Era, parafraseando a Borges, la obra de Dios para que pudiéramos tener un tigre en nuestras manos.

Alguna vieja bruja de la cuadra nos lo envenenó por la mañana. Le quise provocar el vómito pero todo fue inútil: tenía dibujada la muerte en su carita peluda. Justo cuando falleció, el Manchas percibió su partida y también lo lloro con un quejido perruno. Al Jazz siempre le gustaba ir al tronco de la bugambilia y limar ahí sus garras. Al pie de esa bugambilia lo enterramos en la tarde de hoy bajo una llovizna pertinaz. Andrea y Arantxa lloraron desconsoladas…

Jazz: de seguro estás ahorita en el cielo de los gatos más picudos. Cada dos de noviembre, cuando nos visites el día de muertos, ten la seguridad que tendremos en la ofrenda un abundante plato de Gatina, para que te la refines a gusto. Gracias por habernos acompañado queridísimo gato Jazz, fuiste bien alivianado…

viernes, 20 de marzo de 2009

NAUCALPAN: UN BARRIO OBRERO ENTRE CERROS Y CAÑADAS


Por Ernesto Armendáriz Ramírez

Para Alejandra Rosas, con mucho cariño, ejemplo a seguir por su defensa del Barrio La Fama, en Tlalpan.

Naucalpan es, antes que cualquier cosa, un gigantesco barrio popular con más de un millón de habitantes, cuyos padres y abuelos emigraron ahí para trabajar como obreros en las fábricas del Parque Industrial, que en los años sesenta era el más grande de toda América Latina. Los alcaldes panistas, que siempre surgen de la parte rica del municipio, tienen el aburrido gusto por promover a las Torres de Satélite como emblema del municipio. Quieren esconder bajo la alfombra la otra realidad: la pobreza. Al norte de la Ciudad de México se encuentra este municipio conurbado perteneciente al Estado de México. La puerta de entrada es Cuatro Caminos, encrucijada que lo divide del Distrito Federal. Pasando la puerta 7 del Campo Militar llegas al Molinito. Aquí inicia nuestro viaje.

El color gris de millares de casas define la estética del lugar. El paisaje de las viviendas de autoconstrucción luce inmenso. Bardas sin aplanar ni pintar, con el tabique desnudo, expuesto al sol, dan ese tono grisáceo que se ve desde la lejanía como una enorme mancha que cubre las puntas y las laderas de los cerros. Sin arquitectos ni planificación, la gente construyó sus casas en los lugares más inhóspitos: en pendientes, barrancas, junto a ríos y canales que se desbordan en época de lluvias, al lado de cerros desgajándose, sobre oquedades que dejaron las viejas minas de arena. Es un panorama sorprendente por enorme ¿cómo fue posible semejante construcción de vivienda en tales proporciones en una geografía tan impropia? Consecuencias de la explosión demográfica, de la crisis del campo mexicano, del centralismo priísta, de las leyes del capitalismo con su inherente ejército laboral de reserva.

La presencia del Campo Militar No. 1 ha definido muchos aspectos de la vida cotidiana, particularmente por miles de soldados rasos provenientes de Guerrero o Veracruz, convertidos en una enorme población flotante que renta viviendas baratas e insalubres y que genera una zona roja en la colonia el Molinito, donde la prostitución y las riñas son comunes los fines de semana. Soldados desarraigados, en su mayoría son jóvenes y solteros; la picazón del sexo encuentra en las loncherías una respuesta, donde mujeres centroamericanas sin papeles son explotadas.

La policía es una instancia inexistente. En la primera mitad de los años ochenta, era común encontrar cadáveres de jóvenes apuñalados o baleados que amanecían en barrancas o a las orillas del canal de aguas negras. Las chavos banda defendían con furia sus territorios y la muerte tenía permiso para trabajar. Gracias a la acción conciliadora de un extraordinario sacerdote católico de la Teología de la Liberación, la violencia entre las bandas paró. Pero Naucalpan sigue proveyendo nota roja a la prensa amarillista, donde matar por una caguama no es un recurso literario para ejemplificar el grado de violencia que aquí se puede encontrar, sino una lamentable realidad.

Los jóvenes toman cerveza en las esquinas y los personajes lumpen de cada colonia complementan el paisaje atestado de grafitis. Definitivamente el alcoholismo es un problema de salud pública en este municipio, y el Escuadrón de la Muerte de El Molinito, una pandilla de teporochos bastante numerosa, su mejor representante. Las viejas pulquerías con albañiles y plomeros jugando rayuela aún se llenan. La droga es accesible, pero su consumo no se le compara en magnitud al del alcohol. Consuelo de excluidos, la ebriedad es la vía de escape ante una vida asfixiante donde por más que te esfuerces, por más que trabajes, por más que te levantes temprano, tu vida no prospera.

Aquí no hay universidades. Se presume la existencia de Acatlán, perteneciente a la UNAM, pero ésta escuela es una isla, su actividad académica y su ubicación geográfica no tiene un hilo conductor con la población. Nadie investiga, nadie estudia los problemas de los pobres de Naucalpan. El porcentaje de los universitarios es bajísimo con respecto a la población en esa edad escolar y no es una prioridad de los padres de familia estimular en los hijos ser profesionistas. Aprendieron que en este país es perfectamente posible sobrevivir sin quemarse las pestañas, no les garantiza nada el estudio: han visto a vecinos odontólogos o arquitectos vivir en el desempleo. Mejor aprenden a manejar a muy temprana edad para ser microbuseros. Si el sistema te impide el ascenso social a través de los estudios universitarios ¿para qué desgastarse entonces? El título universitario colgando en la pared de la casa paterna podrá ser motivo de orgullo decorativo, en estos tiempos algo inútil en el mercado laboral del capitalismo salvaje.

El tren ya no pasa por Naucalpan. Cosas del neoliberalismo y sus privatizaciones, el derrotero hacia Toluca y Morelia fue cancelado: la vieja estación de Río Hondo luce desolada, y las vías con sus durmientes se han convertido en una franja que ocupan miles de pequeños vendedores todos los domingos para instalar un tianguis kilométrico. Y es la mercancía usada la que da el toque al lugar: pacas de ropa provenientes de la frontera, zapatos viejos, herramienta oxidada, enseres domésticos desgastados. La mercancía nueva es invariablemente pirata o china. Paradojas de la historia, pues Benito Juárez, en 1869, inauguro una fábrica textil precisamente en Río Hondo, en lo que parecía ser el inicio de la producción nacional en bien del desarrollo de México.

¿Cómo logran los vecinos darle amabilidad a la vida? Sonríen ante la adversidad. Las familias que celebran unos quince años, un bautizo o una boda, toman como su traspatio la calle entera. Los salones de eventos son prescindibles: para qué gastar en ellos si las mesas, las sillas y el bailongo se pueden colocar a mitad de la cuadra. Son tan charangueros y bailarines como los de Peñón de los Baños o Tepito, y los sonideros y los bailes gruperos encuentran aquí un público seguidor bastante fiel. Futboleros llaneros a ultranza, nunca falla el cartón de cerveza terminando el partido. No tienen, sin embargo, celebridades: sólo unos pocos recuerdan que Raúl Arias, el ex director técnico de las Chivas del Guadalajara y del Necaxa, es del Molinito.

La política, como en todo el país, es un asunto lamentable. El priísmo de los años setenta y ochenta dejo huella por su asistencialismo y corporativismo, y las colonias siguen siendo, a pesar de los triunfos del PAN y del alza electoral del PRD en el 2006, una reserva de voto duro para el PRI, maquinaria electoral extraordinariamente aceitada en el Estado de México. Cuando en los años setenta se vivían huelgas, llegaron los estudiantes del CCH Naucalpan a convivir con los obreros: ese idealismo de volverlos vanguardia revolucionaria se vivió intensamente. Se sabe incluso que en su juventud el escritor Paco Ignacio Taibo II apoyaba la huelga de la fábrica de tornillos Spacer. Pero a grandes rasgos la izquierda no permea aquí: los líderes locales del perredismo brillan por su mediocridad. Nunca se ha consolidado una oposición que vea por los intereses reales de las colonias populares porque el PRD ya se acostumbró a vivir de migajas, traducidas en dos o tres de las dieciocho regidurías.

Barrio obrero asentado en cerros y cañadas, Naucalpan vive al vaivén de los cambios partidistas en el gobierno sin nunca ver transformaciones sustanciales en su vida. Las cosas siempre están igual, en una larga espera que se prolonga por décadas, de padres y abuelos que salieron de sus comunidades rurales hace cuarenta o cincuenta años, esperando que sus hijos tengan mejor suerte que la de ellos.

miércoles, 11 de marzo de 2009

LOS COVERS QUE MAS ME GUSTAN (UNA LISTA PERSONALÍSIMA)


Por Neto Ramone

Emular, acto de admiración: muestra pública de una pasión antes privada. Millones de adolescentes practicando en sus habitaciones con su bajo o batería, rockeando en hacinados tugurios ásperos e iracundos, con los audífonos pegados a las orejas cuando van a todas partes: siempre bebiendo en éxtasis canciones de rock. Momentos de identidad y descubrimiento, cuando las guitarras y los gritos se impregnan en tu alma. Algunos de esos adolescentes crecerán y serán los nuevos hacedores del rock, y una vez realizada su tarea creadora, en un remanso, recordarán esos momentos extraordinarios cuando esa canción en especial les tocó hasta la última fibra de su ser. De ese recuerdo especialísimo nacerá una nueva versión de la canción, un cover que a todos, quizá, volverá a conmover.

Con ustedes, los covers que más me laten :

1.- I Will Survive, original de Gloria Gaynor, cover de Cake. La canción no falla en cualquier boda o fiesta de fin de año de la oficina (ese reventón donde las secretarias y las licenciadas se animan a divertirse como cuando eran solteras...). Es una parada obligatoria para los grupos de música “versátil”. Cake la recupera con excelentes arreglos, destilando una versión amabilísima: con vocecilla perezosa, el cantante John McCrea hace que te animes para sobrevivir desengaños y traiciones amorosas.
Cover: http://www.youtube.com/watch?v=596qaxm-u4o

2.- Smoot Criminal, original de Michael Jackson, cover de Alient Ant Farm. Hay canciones desechables de la radio que cambian radicalmente en su versión rock. Smoot Criminal era una típica rolita para que el renegado afroamericano hiciera sus coreografías mamilas, pero Alient Ant Farm la rescata del recolector de desechos inorgánicos. La versión les quedó super chida, con muy buena velocidad. Un caso digno de mencionar porque del basurero comercial reciclaron algo que volvieron provechoso: viva la ecología sónica y Sí al Protocolo de Kyoto!

3.- Mrs. Robinson, original de Simon and Garfunkel, cover de Lemonheads. Una rola sesentera que oías sin pena ni gloria en Radio Universal. De Boston llegaron los Lemonheads e hicieron una versión jovial, una fresca limonada en pleno verano caluroso. Una canción para ponerla en el auto mientras manejas, en la cocina mientras haces el desayuno, en la ducha mientras te bañas, en la cama mientras... no, no sirve para tanto, pero es una canción muy buena.

4.- Personal Jesus, original de Depeche Mode, cover de Jonny Cash. El maestro Jonny Cash es el proveedor de esta canción celebérrima, compuesta de su voz y su guitarra. Tanta belleza comprimida reclamaba liberarse, encontrar una segunda vida para las nuevas generaciones. Depeche Mode había vuelto la canción una aurora expansiva: un hit con millones de ventas.

5.- One, original de U2, cover de Jonny Cash. Otro exitazo en ventas. Aunque esta última fue choteada hasta la coronilla por la radio, no deja de ser una buena canción. Para disfrutarla, sugerimos la escuches una o dos veces por año, de lo contrario se adhiere esa desagradable melaza empalagosa que le embadurnó la radio comercial.

6.- I Believe in Miracles, original de Los Ramones, cover de Eddie Vedder. Originarios de Nueva York, The Ramones son un monumento al rock genuino. Una banda legendaria. En 2003 sale el disco We are a happy family, un tributo a Los Ramones. El disco es desigual, no todos los participantes invirtieron el mismo ahínco. Pero sobresale una estrella del firmamento: Eddi Vedder, merecedor de infinitos elogios por su versión de I Believe in Miracles. Larga vida al Jedi Van Vedder, siempre enseñándole al mundo como se canta el rock: encabronado y con media botella de vino circulando por sus venas, es decir, medio pedo. Y como dijo Joey Ramone: “creo en los milagros porque yo soy uno...”

7.- I Just Want To Have Something To Do, original de Los Ramones, cover de Garbage. En We are a happy family, Garbage también se luce, y Shirley Manson tiene una voz sencillamente maravillosa (increíble creer que esta mujer fuera una adolescente escocesa tímida y acomplejada). Si Vedder enseña a cantar rock a los niños, ella enseña la misma asignatura pero en el Colegio de Niñas. Le da respiración de boca a boca a la canción: vida a través del aire, y cosquilleo cachondo por el contacto de sus dulces labios. Grandísima versión la de Garbage, levantada al nivel de vuelo de las águilas arpías.

8.- Where Is My Mind?, original de Pixies, cover de Placebo. Espléndida melodía adolescente. Puritita nostalgia: esas tardes placenteras en los pasillos arbolados del CCH Naucalpan, oyendo en el viejo walkman cintas de los Pixies hasta que las pilas se terminaban. Los Pixies son una caja de crayolas que use para colorear mi vida en la grisura del entorno suburbano de la Ciudad de México. Definitivamente bachillerato es igual a Pixies. Y Placebo lo sabe, y recrea esta canción maravillosa en un Cd repleto de covers que viene de regalo en su álbum A Sleeping With a Ghost, y la pregunta ¿dónde está mi mente? se vuelve a formular como cuando, siendo un mozalbete, amanecías después de una farra brutal...

9.- Helter Skelter, original de Los Beatles, cover de U2. Una canción poco conocida por las nuevas generaciones; quien la escucha por primera vez se sorprende. Viene en el mítico Álbum Blanco, cantada por un McCartney que se oye diferente, rasposo, hasta se le salen unos gallos. Dicen que originalmente duraba casi media hora, que la tuvieron que recortar por razones mercadotécnicas. Canción polémica: inspiró al asesino Charly Manson. La letra es aparentemente inocente, pero esconde un viaje pachequísimo. Una rola de culto. U2 la hizo con mucho respeto en su célebre concierto grabado en el disco Rattle and Hum.

10.- Stand by Me, original de Ben E. King, cover del Proyecto “Playing for Change-Peace Trough Music”. El mundo globalizado se caracteriza por la entronización del capitalismo salvaje: fin de las fronteras económicas, auge de los monopolios y las trasnacionales, mayor pobreza y exclusión. En ese contexto, la globalización se vuelve despersonalizada y agresiva. Pero la globalización también es cultural, y algunos aprovechan el desarrollo de los medios y la internet para compartir desinteresadamente, bajo el lenguaje universal de la música. De ahí el gran mérito del documental “Playing for Change”, que en más de 12 naciones hacen que músicos callejeros canten al unísono esta bellísima canción. Idea noble, proyecto riquísimo: te va a conmover, te va a gustar y con todas las seguridades del mundo lo vas a recomendar.

11.- Soul Rebel, original de Bob Marley, cover de The Gladiators. El primer disco de Marley trae esta excelsa canción, casi un himno. Una rola a la que le han hecho mil covers, pero la de una banda en particular me fascina: The Gladiators, de Albert Griffiths. Por accidente conocí una compilación de ellos de Virgin Frontline Récords hace 17 años, y dicho disco, sin percatarme, ha resultado ser el que más veces he oído en toda mi vida. No me aburro, no me canso de escucharlos. Son mi top-top-top-top de Policarpo Avendaño. Los Gladiadores te hacen anhelar estar en la playa acompañado de Maria Juana: son la neta del planeta.

12.- All Along The Watchawer, original de Bob Dylan, cover de Jimmy Hendrix, Neil Young, Dave Matthews Band y U2. Una canción que parece ser sólo para aristócratas, pues los músicos plebeyos ni se le acercan. En los agitados y revolucionarios años sesenta el Poeta Dylan concibe esta escultura musical. La vida le da a la canción varios vuelcos exquisitos: primero fue Jimmy Hendrix, amante fiel del LSD y la heroína, quien hace su versión aderezada con unos riffs psicodélicos de antología. Después vendría U2. El Sensei Neil Young gusta tocarla en vivo, y cuando lo hace cae en trance y/o éxtasis; Dave Matthews Band hizo una muy buena versión. Y es que las palabras de Dylan se quedan en tu conciencia para siempre: “Sólo tengo una guitarra roja, el resto depende de ti...”

13.- The Man Who Sold The World, original de David Bowie, cover de Nirvana. En las falsas elecciones para el mejor cover de toda la historia del rock, mi voto sería para esta canción. Y es que el maestro Kurt Cobain la toca en su Unplugged de Nueva York y su versión resulta perfecta, delicada, sincera, majestuosa, sabia, atinada, exacta, impecable, lúcida, impoluta, inspirada, auténtica, excelente, magistral, poética... Un dechado de artistas, paradigmas sempiternos de lo sublime. Ohhh grandes maestros de la música, amigos de Zeús y Poseidón, dejo aquí constancia del agradecimiento que un mortal tiene hacia ustedes dos: David Bowie y Kurt Cobain. Aaaménnn...

14.- Orgasmatron, original de Motorhead, cover de Sepultura. En una caída abrupta del cielo, azotamos en las callejuelas más rudas y peligrosas: el trash metal. Lemmy Kilmister hace esta rola, que Sepultura revive en su sencillo Dead Embryonic Cells, y entonces nuestra imaginaria cabellera comienza a agitarse desenfrenadamente. Súbanle al volumen máximo, esto es sólo para oídos resistentes. Los de Belo Horizonte, Brasil, nos transforman, nos alocan, nos desquician: hacen que gritemos Arrrrrgggghhh!! Dios del Metal, te invocamos, y de rodillas suplicamos que Sepultura tenga su Reencuentro y que toquen en el Distrito Federal: lo necesitamos o moriremos de inanición metalera: Arrrrrggggghhh !!

15.- Otros Covers. La lista es larga y tendida, y en gustos se rompen géneros. La versión de Los Rolling de Like a Rolling Stone, original de Dylan, es estupenda. Esta Behind Blue Eyes, original de The Who, cover de Limp Bizkit. Me gusto la versión de Paint in Black que hizo Judas Priest. Megadeth hizo Anarchy in UK, de Sex Pistols. Muy bueno el cover que Max Cavalera, ahora con Soulfly, hiciera de Smoke on the Water, original de Deep Purple. Chido también el cover de Bullet the Blue Sky que hiciera Sepultura (agrupación hechiza) de la rola de U2. Suena por ahí Body Moving, original de Fatboy Slim, cover de Beasty Boys.

16.- Covers Latinos. Al sur del Río Bravo los covers no están mal. Déjate Caer, original de Los Tres, cover de Café Tacuba: de muy buena factura; hicieron tambièn una buena versiòn de Chilanga Banda, original de Jaime López. Los Agachados, una super canción de Tin Tán, recuperada por la Maldita Vecindad. Por qué te vas, original de la española Jeanette, cover de Aurora y La Academia, aceptable rolita. Contra los malinchistas, No tengo tiempo, original de Rockdrigo González y cover de Heavy Nopal, definitivamente dentro de las 10 mejores canciones del rock mexicano ("He llenado mis bolsillos con escombros el destino..."). Revolution Rock, original de The Clash y cover de los Fabulosos Cadillacs, esta dos-tres. Café Tacuba tocando No controles de Flans...mmmm, sin comentarios. Panteón Rococó hizo algo parecido con Sonia, que antes había cantado ¡Luis Miguel!. Jessy Bulbo acaba de hacer Muñequita Sintética, original de El Haragán. A muchos no les gusta, pero resulto interesante, por inconcebible, la versión de Amigo que Ataque 77 hiciera de la rola de Roberto Carlos (esa que le dedicaron al Papa). El payaso circense de Alex Lora fusilándose la canción My, My, Hey, Hey, de Neil Young. Lora también popularizo Metro Balderas, original de Rockdrigo. ¿Han oído Killers con Transmetal? La original es de unos franceses, el cover esta grabado con carencías técnicas, pero con mucha enjundía.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

LA BURRA 16: UNO, PA TU DESAYUNO...

Por Neto Ramone

Niños: donde cae su trompo es el centro del universo, escribió Octavio Paz. Este vaso comunicante entre los niños y el juego nos guía también hacia la rudeza, el doble sentido de las palabras y la osadía. En los recreos de las escuelas primarias públicas, en las calles de los barrios y colonias populares, grupos de sudorosos y acalorados niños son practicantes de un deporte que no sé si sea nacional, que no sé si se juegue con las mismas reglas, que no sé si tenga treinta o cuarenta años. Me referiero a La Burra 16: disciplina que exige memoria, habilidad y destreza física. Hoy en día la ciudad esta inundada de parques donde los jefes delegacionales han puesto centros de entretenimiento para escalar por cuerdas, caminar por puentecitos de tablas y andar de rodillas por tobogancitos. Ni hablar de los que ponen en los Mc Donalds o los Vips. Antes había muy poco de ello; el entretenimiento era colectivo. Que levanten la mano los infelices adultos que no practicaron La Burra 16, los hoy padres de familia que pasaron una aburrida infancia sin este conjunto de frases que ordenaban un salto diferente a cada turno. Con su prima hermana “Chinche al Agua”, otro rudísimo juego que prohibían los maestros en el recreo porque podía lastimar tu columna vertebral o tus “partes nobles”, la Burra 16 es consustancial a la niñez chilanga de barrio.

Con ustedes, señoras y señores, el canto urbano transmitido de generación en generación, las ingeniosas rimas, los pininos en tu formación alburera, los primeros numerales que memorizaste en tu vida, las exquisitas frases de La Burra 16:

UNO, PA TU DESAYUNO
DOS, PATADA Y COZ
TRES, HILITO DE SAN ANDRÉS
CUATRO, JAMÓN TE SACO (Y TE LO EMBARRO EN EL SOBACO)
CINCO, DESDE AQUÍ TE BRINCO
SEIS, AL REVES
SIETE, TE PONGO MI CHULO BONETE
OCHO, TE LO PICO Y TE LO REMOCHO (CON PAN Y BIZCOCHO)
NUEVE, TRES COPITAS DE NIEVE
DIEZ, ELEVADO LO ES (TOCADO NO LO ES)
ONCE, ESTATUITAS DE BRONCE
DOCE, LA VIEJA TOSE
TRECE, EL RABO TE CRECE (EN LA BOCA DE ESE)
CATORCE, LA VIEJA COSE
QUINCE, EL DIABLO TE TRINCHE
DIECISEIS, MUCHACHITOS A CORRER

Me surgen muchas dudas: ¿alguien de ustedes conoce variantes en los numerales? ¿es chilango el juego, o se da en otros lugares del país? ¿Cuántos años lleva de vigencia el juego: cuarenta, cincuenta años? La Burra Tamalera es otra cosa, así como Chinche al Agua ¿alguien de ustedes practico la “Media Luna”, a mi juicio el juego que más destreza ( y peligro) requería, casi para gimnastas? Cual era la frase correcta ¿la del numeral 14 en el 12 o así esta bien como la expongo aquí?

jueves, 11 de diciembre de 2008

MAS DATOS SUPER INTERESANTES SOBRE EL TOREO, DE PARTE DE MI CARNAL EL MEMO


Neto:

Por supuesto que es compartida la melancolía por la desaparición de El Toreo, ese coloso de estilo arquitectónico similar al Palacio de los Rebotes que, según he leído, fue construido en 1957. En la edición de algún libro de la SEP para Primaria se publicó una foto de esa construcción, una foto chance de los sesenta, que lo mostraba cual era, aislado de la urbe. Si, estaba prácticamente en la periferia de entonces. Fuera de los limites de esa foto seguro había milpas, y claro, a un centenar de metros ahí sigue La Bastilla y panteón político llamado Campo Militar Número Uno.

Por cierto, cuenta un compa que por azares chambeó en sus entrañas, usadas entonces como locación, El Toreo encierra algunos secretos que van más allá del centro mitinero del PAN (lo fue por su asequible capacidad de acarreo de 10 mil gentes), de la lucha libre y eventuales conciertos: corre la versión de que la estructura del elefante blanco –acentuadamente subutilizado o prácticamente abandonado por décadas-, incluye varilla contaminada; bardas extraordinariamente gruesas, técnicamente injustificadas, cuyo posible uso evoca escalofriantemente a El gato negro, de Edgar Allan Poe; más un caminito clausurado, aventura el compa, en dirección a la zona verde olivo. El sitio entrañaría pues presencias políticamente inquietantes.

Por lo demás, para varias generaciones de los suburbios naucalpenses y atizapanes, identificados con Las Torres de Satélite, El Toreo fue el umbral que separaba a sus pueblos-gethos de la verdadera Ciudad; la zona alterna para el reven, con el Magic Circus y otras discos de diversas denominaciones.

Que El Toreo era un edificio horrible, es cierto. Pero su ausencia nos ha robado a millones parte de nuestra historia visual. En una entrevista el master Ry Cooder, ese que revive longevidades talentosas, habla de un disco posterior a Buena Vista Social Club en el que hace mancuerna con genialidades otrora pachuchos, como Lalo Guerrero (sí, el de Las Ardillitas, con Pánfilo a la cabeza) sugiere que hay que dar la batalla contra los Walt Mart, pues su apetito depredador inmobiliario le dio en la madre a barrios y enclaves musicales de aquellos Los Angeles de la década de los 50. Que poca si en lugar del Domo levantan un Walt Mart. Todo checa: ahí viene la mala copia del segundo piso sobre el sucio Periférico, en terreno naucalpense. Ya sabemos que el tricolor no da pasos sin guarache inmobiliario, además de electorero.

Atentamente

Guillermo Armendáriz (El Memo para la banda).

UPSS...YO ECHANDOLE PORRAS, Y LOS QUE SÍ SABEN, DANDOLE EN TODA SU MANDARINA


Sobre el Museo Universitario de Arte Contemporáneo

Como lo previeron los arquitectos de la Sala Nezahualcóyotl, el megamuseo (de las feas siglas: MUAC) diseñado por Teodoro González de León, vino a desarreglar arquitectónicamente toda esa área de la Universidad Nacional Autónoma de México. El puentecillo que lleva de la inmensa explanada a la más importante sala de conciertos del país, se ve como de escenografía barata. Podía suponerse que el Museo de Ciencias y Arte, con la correspondiente sucursal en la colonia Roma, resultaban más que suficientes para convocar a las corrientes contemporáneas y experimentales. Un nuevo museo universitario debió considerar todos los periodos que integran los fondos artísticos de la UNAM, muchos de los cuales están en bodegas.
En el interior del megamuseo, las salas y pasillos desmesurados y desproporcionados no sirven para las dimensiones usadas mayoritariamente por los artistas contemporáneos de México, quienes de entrar al MUAC tendrán que practicar un arte de dimensiones acordes, o parecerán timbres de correo, como se ven las dos pinturas de Vicente Rojo. Nunca un museo debe imponer dimensiones, ni a estas alturas usar materiales que requerirán de un constante mantenimiento, como ocurrirá con los muros y techumbres de vidrio que predominan.
Graciela de la Torre, responsable de Artes Visuales de la UNAM, y Gerardo Estrada, jefe de Difusión Cultural de la rectoría del doctor Juan Ramón de la Fuente, impulsores de este malogrado proyecto, le han impuesto a la máxima casa de estudios del país una pesadísima hipoteca.

Pongo al margen la instalación temporal de Miguel Ventura, estrenada anteriormente en España, notable, profunda y enérgica crítica al nazifascismo de ayer y de hoy.

Raquel Tibol

Carta publicada en el Correo Ilustrado de La Jornada, 11 de diciembre del 2008

lunes, 8 de diciembre de 2008

LA CIUDAD CAMBIA DE PIEL, PERO CONSERVA LOS MISMOS LUNARES

Por Ernesto Armendáriz Ramírez

Mientras la vida cotidiana de los chilangos se ha visto alterada por tantísimas obras en proceso, particularmente puentes y pasos a desnivel, lo que provoca nubes de polvo que lo ensucian todo y tremendos embotellamientos viales donde antes era relativamente fácil transitar, la Ciudad de México continúa mutando su fisonomía, redefiniéndose con sitios únicos que hacen la vida distinta a la de cualquier otro lugar.

En primerísimo lugar, lo que se va. Aunque ya no este ubicado en lo que es estrictamente el territorio del Distrito Federal, sino a menos de 50 metros de la mojonera de concreto gris que divide al D.F. del Estado de México, en el municipio de Naucalpan están destruyendo un ícono urbano: El Toreo de Cuatro Caminos, gratificante llovizna en el desierto cultural de esa parte de la metrópoli. Para los oriundos de esos barrios obreros del norte de la ciudad, cómo no recordar la lucha libre a precios populares, cuyo Consejo incluía al mismísimo Perro Aguayo padre y al Villano III, cuya máscara rosita era una engañifa para sus oponentes.

Al Toreo de Cuatro Caminos lo definen más las luchas que los toros, y el maestro Canek, estrella imperecedera en el firmamento de los costalazos, fue la joya de la corona en su cartel de gladiadores. Lamentamos informarle a Andrés Manuel López Obrador que él no fue el primer tabasqueño más popular entre las masas ni el más vitoreado por las multitudes: lo fue Canek, el Príncipe Maya, orgullo mexicano al que nunca le castañearon las rodillas cuando enfrentó a lo más granado de la lucha libre internacional: Hulk Hogan, Big Van Vader, Konnan el Bárbaro, Kokina-Yokozuma y sí, nada más y nada menos que André El Gigante. Nuestro idolatrado Canek le rompió el hocico a todititas esas moles. Para rematar, y por si todo lo anterior fuera insuficiente, Canek es el poseedor de una de las máscaras estéticamente más perfectas en toda la historia de los encapuchados mexicanos.

Aunque el Toreo fue un lugar típico de los mítines panistas del Edomex (la sede estatal del PAN está ahí mismo), también la izquierda lo llegó a utilizar: en 1994 Cuauhtémoc Cárdenas abarrotó el Toreo con más de 20 mil militantes perredistas, una cifra inconcebible de reunir entre los mexiquenses en estos tiempos de traiciones chuchas y de izquierdistas conversos.

Si todos creían que el Palacio de los Deportes ha sido siempre el lugar de los conciertos masivos de rock, les recuerdo que en 1992 Mano Negra dio un conciertazo ahí, con Manú Chao al frente. Y es que la cultura rockera también esta en el eje Naucalpan-Atizapan, cuna de Café Tacuba, quienes le pusieron “Cuatro Caminos” a uno de sus discos. Entre los seguidores de los cafetos se encuentran los adolescentes, actores principales de un éxodo inusual frente al Toreo todos los días antes del alba: por miles y uniformados, cruzan del Edomex al D.F. rumbo a las escuelas secundarias cercanas al antiguo pueblo de Tacuba. Estos chicos ya no verán ese enorme domo color blanco, donde los toreros, las luchas y los conciertos hicieron pasar un fin de semana ameno a los habitantes del norte de la ciudad durante más de sesenta años.

En el ciclo de la vida, las cosas mueren…y nacen. Al otro extremo del Distrito Federal, en el corazón de Ciudad Universitaria, le han dado un regalo de navidad extraordinario a los mexicanos, como sólo la UNAM lo sabe hacer: el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC), cuyo arquitecto fue el maestrísimo Teodoro González de León. Entre la Biblioteca Nacional y los cines del Centro Cultural Universitario, justo por donde pasaba un caminito semioculto donde después de clases podías perderte con tu novia entre los pedregales, se construyo este Museo estrenado a finales de noviembre.

¿Cómo diablos interpretas o describes las obras ahí exhibidas? Me abstengo de tal propósito para el que no tengo el más remoto atrevimiento explicativo (me guardo en la bolsa mis lecturas). Señalaré, en cambio, que la inmensa mayoría de los mexicanos podemos acceder de manera gratuita a este bellísimo edificio donde las esculturas, instalaciones, performances y materiales audiovisuales nos provocarán, indudablemente, las más insospechadas reacciones.

Vayan pues a visitar el MUAC, y no olviden llevar su cámara fotográfica, pues obtendrán algunas de las mejores fotos de su vida en esos bellísimos balcones minimalistas color perla donde el sol lo permea todo, o en la entrada, donde eres recibido en una explanada por dos rectángulos de agua, cuyo rumor de brisa te comienza a despertar esa sensibilidad atrofiada que casi todos los chilangos padecemos.

Los mercados públicos, herencia de nuestros tatarabuelos aztecas, siguen dando de qué hablar. Mientras las guías turísticas te envían derechito al Centro Histórico o a las trajineras de Xochimilco, pocos, rarísimos visitantes de esta ciudad acuden a un mercado, que están llenos de sorpresas. Es el caso del mercado de la Nueva Viga, ubicado casi al final del Eje 6, en Iztapalapa, con tres enormes naves en cuyo costado los cajones de tráiler descargan la producción de la pesca del Pacífico y del Golfo de México en cantidades estratosféricas. Ningún mercado de pescados y mariscos es tan grande e impresionante como éste, ni siquiera los hay de tal tamaño en los puertos o los centros pesqueros más importantes del país (según dicen, sólo el de Tokio, Japón, se le compara en magnitud).

Bagres que no conocen los rastrillos ni las hojas de afeitar, esmedregales gigantescos, rojos huachinangos como Hell Boy, atún, ¡oh sorpresa!, no enlatado, sino ejemplares monumentales como auténticos espejos por su piel de plata pura, todo esto y más encuentras ahí. A muy temprana hora, antes de que amanezca, empieza la actividad, donde docenas de trabajadores con botas de plástico impregnadas de escamas y coágulos, van de aquí para allá, llevando tremendos pescados que compiten en peso con su cargador. En la parte de atrás están los restaurantes, cuya apariencia callejera no demerita su calidad: empanadas de pulpo o camarón que te harán lagrimear de satisfacción por tal agasajo en tu paladar.

La Nueva Viga es un hotel de paso para todos los infieles a la barbacoa y las carnitas. Es un oasis entre la sobreoferta de las carnes de res y cerdo, ambas enemistadas con la frescura, o del pollo de pellejo ultra-amarillento, causado por el alimento de minicroquetas industrializadas (pollos de plumas albinas y miserables vidas, que nunca probaron un granito de maíz o una hojita de alfalfa). Ninguna odiosa trasnacional tipo Walt–Mart podrá comparársele nunca a la Nueva Viga ni en precio, ni en calidad, ni en lozanía; mercado surrealista y mágico, abierto para todos los amantes de la buena y sana cocina, cuya materia prima nos obsequian generosamente nuestros mares mexicanos.

INFANCIA ROCKERA: LA CULPA ES DE LOS PATA

Por Ernesto Armendáriz Ramírez
Que los abuelos, las amas de casa o los niños escuchen rock es algo de lo más normal. El paradigma de que los jóvenes son los receptores naturales de esta música se desmoronó. Esta naturalidad del rock no lo era hace cuarenta años, donde tener el cabello largo te hacia objeto de ataques por parte de la policía o de grupos clandestinos de ultraderecha como el MURO y el Yunque, cuyos líderes, por cierto, hoy en día son altos funcionarios del gobierno federal panista. Las batallas de la sociedad civil por la democratización del país han repercutido incluso en los patrones de consumo musical. Para que el rock llegara servido sin ningún tipo de prejuicio a tu mesa, han pasado largos años de escaramuzas y batallas.

En México, el desarrollo del rock pudo haber tenido un despliegue descomunal a partir del Festival de Avándaro. Sin embargo, fueron los propios organizadores de ese festival quienes lo sabotearon: entre otros, el productor de telenovelas Luis del Llano y el actual dirigente del fútbol mexicano, Justino Compeán. Cuando el nefasto Raúl Velasco, entonces un reportero seudohippie con el rostro curtido por el sol de Celaya, su pueblo natal, se alió con los organizadores de Avándaro bajo el manto de Televisa, el rock independiente quiso ser ahogado con el auge de estrellas plásticas que saturaron los televisores. Si te tocó ver y oír a Laureano Brizuela segurísimo padeciste migraña y gastritis.

Héroes casi desconocidos, siempre hubo impulsores del rock subterráneo, atado a un nicho minúsculo pero aferrado de seguidores, quienes con el tiempo dejarían de ser una minoría para pasar a sus hijos y nietos la auténtica cultura rockera que tantas almas y corazones mueve. ¡Oh fortuna nuestra!, las trasnacionales no contaban con el rock independiente, que florece, y surgen ramilletes que uno no puede ignorar.

En Puebla, la cuarta ciudad más habitada del país con dos millones de personas, surgió hace quince años una banda de jóvenes que se atrevieron a hacer de manera independiente lo más inusual: rock para niños. Ya para entonces eran leyenda viva Los Qué Payasos o, aunque no fuera rock, todos recordaban el noble disco "Amparo Ochoa canta con los niños", grabado en 1983. Esa banda se llama "Los Patita de Perro", quienes no fueron los pioneros, pero definitivamente hoy son los más talentosos (de acuerdo, de acuerdo, también Yucatán A go-go lo es).

El trío Los Pata ha hecho cinco discos, que venden en un paquete llamado "La cajita infeliz", han tocado en el extranjero y en los programas de televisión de Cristina Pacheco, Armando Manzanero y Eugenia León. Que Los Pata salgan de Puebla es algo tan similar al surgimiento, ya hace algunos ayeres, de El Personal en la mocha Guadalajara. Vale, que un entorno conservador generé esa irreverencia tan inteligente, es algo sumamente meritorio y digno de aplaudir.

¿Qué hace diferentes a "Los Patita de Perro"? Varias cosas: su lenguaje, pues juegan como nadie con las palabras. Son antípodas del humor ramplón de los televisos (Verbigracia: -Tatiana: mamacitaaa, ahora entiendo...). Uno queda infinitamente agradecido al escucharlos, pensando por qué no nos tocaron a nosotros estas canciones, cuando en versión ska se canta el Hasta la Victoria Siempre del Ché Guevara o cuando traen esa remembranza nostálgica de los pesares que uno sufre al ir por las tortillas. Masters de la cábula, son sencillamente geniales en sus parodias, haciendo coros guturales como los cantantes de trashmetal (¡Max Cavalera, perdónalos!). Qué decir de la niña Estelita tocando el bajo eléctrico en el festival escolar, o del Quiero Vomitar por tanta música chafa que hay en la radio.

En este 2008, Los Pata acaban de sacar un disco que uuufffff, es auténtico ámbar desenterrado de las más profundas entrañas de la tierra, donde la canción "Cuando yo me muera", que da titulo al disco, posee una sencillez conmovedora hasta el tuétano. Mamás regañonas y obsesivas, les juro que no se van a desvanecer por tan pesado sentimiento de culpa cuando escuchen la canción “Tómate la sopa”; antes bien, esbozaran una sonrisa premonitoria de que todo cambiará. Y para esos chamacos irrefrenables que nadie controla, pónganles el track número nueve y van a ver que los ponen quietos porque los ponen quietos: “Chin chin el que se mueva”, donde lúdicamente se rescata esa palabra que ya nuestro finado Octavio Paz se encargo de explicarnos, casi a manera de regaño, larga y tendidamente.

El juego, el recreo, la ironía más fina, la creatividad más libre, los ideales limpios de dogmatismo, nada pretensiosos ni arrogantes, eso son Los Pata, quienes valen mil veces más que basura musical tipo Panda o Moderato (los Microchips ya creciditos en lo biológico, no en lo mental). De paso, Los Pata han redimido a los poblanos, pues a partir de ellos no sólo se habla del horripilante y monstruoso Góber Precioso, sino de cultura genuina y audaz. El trío poblano nos hace convivir de manera espontánea y desprejuiciada con el antaño estigmatizado rock.

Si tienes niños en casa o si tú mismo tienes alma de niño, estás perdiendo el tiempo si aún no los escuchas. Los Pata logran lo que pocos: que padres e hijos se emocionen por igual con las mismas canciones. Que alguien logré esa comunión tan rara en estos tiempos de individualismo rampante, es algo en sí extraordinario.