viernes, 20 de marzo de 2009

NAUCALPAN: UN BARRIO OBRERO ENTRE CERROS Y CAÑADAS


Por Ernesto Armendáriz Ramírez

Para Alejandra Rosas, con mucho cariño, ejemplo a seguir por su defensa del Barrio La Fama, en Tlalpan.

Naucalpan es, antes que cualquier cosa, un gigantesco barrio popular con más de un millón de habitantes, cuyos padres y abuelos emigraron ahí para trabajar como obreros en las fábricas del Parque Industrial, que en los años sesenta era el más grande de toda América Latina. Los alcaldes panistas, que siempre surgen de la parte rica del municipio, tienen el aburrido gusto por promover a las Torres de Satélite como emblema del municipio. Quieren esconder bajo la alfombra la otra realidad: la pobreza. Al norte de la Ciudad de México se encuentra este municipio conurbado perteneciente al Estado de México. La puerta de entrada es Cuatro Caminos, encrucijada que lo divide del Distrito Federal. Pasando la puerta 7 del Campo Militar llegas al Molinito. Aquí inicia nuestro viaje.

El color gris de millares de casas define la estética del lugar. El paisaje de las viviendas de autoconstrucción luce inmenso. Bardas sin aplanar ni pintar, con el tabique desnudo, expuesto al sol, dan ese tono grisáceo que se ve desde la lejanía como una enorme mancha que cubre las puntas y las laderas de los cerros. Sin arquitectos ni planificación, la gente construyó sus casas en los lugares más inhóspitos: en pendientes, barrancas, junto a ríos y canales que se desbordan en época de lluvias, al lado de cerros desgajándose, sobre oquedades que dejaron las viejas minas de arena. Es un panorama sorprendente por enorme ¿cómo fue posible semejante construcción de vivienda en tales proporciones en una geografía tan impropia? Consecuencias de la explosión demográfica, de la crisis del campo mexicano, del centralismo priísta, de las leyes del capitalismo con su inherente ejército laboral de reserva.

La presencia del Campo Militar No. 1 ha definido muchos aspectos de la vida cotidiana, particularmente por miles de soldados rasos provenientes de Guerrero o Veracruz, convertidos en una enorme población flotante que renta viviendas baratas e insalubres y que genera una zona roja en la colonia el Molinito, donde la prostitución y las riñas son comunes los fines de semana. Soldados desarraigados, en su mayoría son jóvenes y solteros; la picazón del sexo encuentra en las loncherías una respuesta, donde mujeres centroamericanas sin papeles son explotadas.

La policía es una instancia inexistente. En la primera mitad de los años ochenta, era común encontrar cadáveres de jóvenes apuñalados o baleados que amanecían en barrancas o a las orillas del canal de aguas negras. Las chavos banda defendían con furia sus territorios y la muerte tenía permiso para trabajar. Gracias a la acción conciliadora de un extraordinario sacerdote católico de la Teología de la Liberación, la violencia entre las bandas paró. Pero Naucalpan sigue proveyendo nota roja a la prensa amarillista, donde matar por una caguama no es un recurso literario para ejemplificar el grado de violencia que aquí se puede encontrar, sino una lamentable realidad.

Los jóvenes toman cerveza en las esquinas y los personajes lumpen de cada colonia complementan el paisaje atestado de grafitis. Definitivamente el alcoholismo es un problema de salud pública en este municipio, y el Escuadrón de la Muerte de El Molinito, una pandilla de teporochos bastante numerosa, su mejor representante. Las viejas pulquerías con albañiles y plomeros jugando rayuela aún se llenan. La droga es accesible, pero su consumo no se le compara en magnitud al del alcohol. Consuelo de excluidos, la ebriedad es la vía de escape ante una vida asfixiante donde por más que te esfuerces, por más que trabajes, por más que te levantes temprano, tu vida no prospera.

Aquí no hay universidades. Se presume la existencia de Acatlán, perteneciente a la UNAM, pero ésta escuela es una isla, su actividad académica y su ubicación geográfica no tiene un hilo conductor con la población. Nadie investiga, nadie estudia los problemas de los pobres de Naucalpan. El porcentaje de los universitarios es bajísimo con respecto a la población en esa edad escolar y no es una prioridad de los padres de familia estimular en los hijos ser profesionistas. Aprendieron que en este país es perfectamente posible sobrevivir sin quemarse las pestañas, no les garantiza nada el estudio: han visto a vecinos odontólogos o arquitectos vivir en el desempleo. Mejor aprenden a manejar a muy temprana edad para ser microbuseros. Si el sistema te impide el ascenso social a través de los estudios universitarios ¿para qué desgastarse entonces? El título universitario colgando en la pared de la casa paterna podrá ser motivo de orgullo decorativo, en estos tiempos algo inútil en el mercado laboral del capitalismo salvaje.

El tren ya no pasa por Naucalpan. Cosas del neoliberalismo y sus privatizaciones, el derrotero hacia Toluca y Morelia fue cancelado: la vieja estación de Río Hondo luce desolada, y las vías con sus durmientes se han convertido en una franja que ocupan miles de pequeños vendedores todos los domingos para instalar un tianguis kilométrico. Y es la mercancía usada la que da el toque al lugar: pacas de ropa provenientes de la frontera, zapatos viejos, herramienta oxidada, enseres domésticos desgastados. La mercancía nueva es invariablemente pirata o china. Paradojas de la historia, pues Benito Juárez, en 1869, inauguro una fábrica textil precisamente en Río Hondo, en lo que parecía ser el inicio de la producción nacional en bien del desarrollo de México.

¿Cómo logran los vecinos darle amabilidad a la vida? Sonríen ante la adversidad. Las familias que celebran unos quince años, un bautizo o una boda, toman como su traspatio la calle entera. Los salones de eventos son prescindibles: para qué gastar en ellos si las mesas, las sillas y el bailongo se pueden colocar a mitad de la cuadra. Son tan charangueros y bailarines como los de Peñón de los Baños o Tepito, y los sonideros y los bailes gruperos encuentran aquí un público seguidor bastante fiel. Futboleros llaneros a ultranza, nunca falla el cartón de cerveza terminando el partido. No tienen, sin embargo, celebridades: sólo unos pocos recuerdan que Raúl Arias, el ex director técnico de las Chivas del Guadalajara y del Necaxa, es del Molinito.

La política, como en todo el país, es un asunto lamentable. El priísmo de los años setenta y ochenta dejo huella por su asistencialismo y corporativismo, y las colonias siguen siendo, a pesar de los triunfos del PAN y del alza electoral del PRD en el 2006, una reserva de voto duro para el PRI, maquinaria electoral extraordinariamente aceitada en el Estado de México. Cuando en los años setenta se vivían huelgas, llegaron los estudiantes del CCH Naucalpan a convivir con los obreros: ese idealismo de volverlos vanguardia revolucionaria se vivió intensamente. Se sabe incluso que en su juventud el escritor Paco Ignacio Taibo II apoyaba la huelga de la fábrica de tornillos Spacer. Pero a grandes rasgos la izquierda no permea aquí: los líderes locales del perredismo brillan por su mediocridad. Nunca se ha consolidado una oposición que vea por los intereses reales de las colonias populares porque el PRD ya se acostumbró a vivir de migajas, traducidas en dos o tres de las dieciocho regidurías.

Barrio obrero asentado en cerros y cañadas, Naucalpan vive al vaivén de los cambios partidistas en el gobierno sin nunca ver transformaciones sustanciales en su vida. Las cosas siempre están igual, en una larga espera que se prolonga por décadas, de padres y abuelos que salieron de sus comunidades rurales hace cuarenta o cincuenta años, esperando que sus hijos tengan mejor suerte que la de ellos.

10 comentarios:

Casavlanka dijo...

Felicidades por tu texto. Reseñas como estas deberíamos hacer de todos nuestros barrios.

pablo zavala dijo...

Felicidades por tu texto.

hay mucho de cierto en lo que escribiste

mexicanoconsciente dijo...

Excelente artículo, lástima de pueblo que vive en la ignominia total, lástima de país!! y nosotros, ¿cuándo despertaremos de este sueño y dejaremos de ser viles objetos del neoliberalismo? Chequen este video por favor: http://www.delaservitudemoderne.org/espanol1.html

Eddie dijo...

Ese el el municipio que la presidencia municipal y el gobernador buscan ocultar....

mariachi80 dijo...

excelente texto, ciertamente retrata lo que es vivir en Naucalpan, un enorme barrio de obreros; lugar de gente buena, gente que ha luchado por sacar sus hijos adelante. Saludos!!!!

thechosen.first dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
thechosen.first dijo...

es bueno que almenos alguien conosca algo de naucalpan donde sobresalir es muy dificil entre las peleas constantes y los drogadictos que se encuentran tirados en las calles que bueno que almenos tu sabes lo que pasa en este lugar

ATT:uriel angel

FRANCISCO dijo...

ME AGRADO LEER TU ARTICULO NO PORQUE ME SIENTA ORGULLOSO DE HABER PASADO 25 AÑOS DE MI VIDA VIVIENDO EN EL CHAMIZAL, SINO PORQUE RETRATAS MUY BIEN LO QUE ES VIVIR EN UN PUEBLO OLVIDADO POR TODOS, COSA QUE ME OBLIGO A VIVIR DESPUES EN OTRA ZONA DIFICIL DEL PAIS COMO ES TIJUANA, TODO PORQUE VIVIR EN MI BARRIO DONDE CRECI ES SINONIMO DE VIVIR SIN PROGRESAR. OJALA ALGUN DIA CAMBIE ESA DURA REALIDAD

ALFRED dijo...

EXCELENTE ARTICULO, ES UNA LASTIMA QUE DE NUEVO EL PRI ESTE DE REGRESO, POBRE NAUCALPAN.

Hernández Contreras César A dijo...

Como diría la pandilla del barrio. Rifado carnal jeje.